Revista Española de Cardiología Revista Española de Cardiología
Rev Esp Cardiol. 2006;59:519-20 - Vol. 59 Núm.05 DOI: 10.1016/S0300-8932(06)74675-9

Norman E. Shumway, MD, PhD

Jesús Herreros a

a Clínica Universitaria de Navarra. Pamplona. Navarra. España.

Artículo

El Dr. Norman E. Shumway falleció el 10 de febrero de 2006 en su domicilio de Palo Alto, California. El día anterior había cumplido 83 años. Su determinación para desarrollar el trasplante cardiaco, para lo que asoció la claridad de visión sobre el futuro con un trabajo científico perseverante, hace que todos los pacientes incluidos en lista de espera de trasplante en cualquier hospital adquieran una deuda de gratitud con él.

Norman E. Shumway nació en Kalamazoo, Michigan, en 1923. Un test durante el servicio militar (1943-1946) le hizo cambiar los estudios de leyes por los de medicina, graduándose en 1949. Se incorporó a la Universidad de Minnesota y después de un paréntesis en las Fuerzas Aéreas (1951-1953), continuó su entrenamiento con C. Walton Lillehei, que obtuvo el primer éxito con la técnica de circulación cruzada en 1954. Después de operar a 45 pacientes con esta técnica, utilizó desde 1956 el oxigenador desarrollado por Wall y Varco. Numerosos equipos adoptaron esta tecnología y las intervenciones «a corazón abierto» se multiplicaron. En torno a Lillehei coincidieron como residentes Shumway, Barnard y Cabrol. Ellos estudiaron un nuevo aspecto de la fisiología que evolucionó hacia la protección miocárdica con hipotermia y el desarrollo del trasplante cardiaco. En 1958 se trasladó a la Universidad de Stanford, donde desarrolló uno de los departamentos de cirugía más sólidos e innovadores.

En 1960, Shumway y Lower realizaron los primeros trasplantes cardiacos ortotópicos en perros, con éxito. El segundo acierto fue proteger el corazón en suero salino a 4 °C, con lo que obtenía una actividad normal en la mayoría de los casos. Con el fino humor que le caracterizaba, describió a Christian Cabrol el escaso interés que despertó su trabajo: «Cuando presentamos nuestros resultados de trasplantes en el perro, no había nadie en la sala excepto yo que escuchaba a Lower y el proyeccionista de las diapositivas; incluso el presidente de la sesión había abandonado su asiento; también es cierto que nuestra intervención era la última de la sesión». A pesar del escaso interés, su fe y constancia hicieron que el trasplante madurase como un fruto en el árbol del conocimiento. Desarrollada la técnica quirúrgica, era necesario resolver otros problemas y en todos los apartados su contribución fue fundamental y permitió establecer las bases experimentales.

Todos los pronósticos auguraban que Shumway realizaría el primer homotrasplante cardiaco en la Universidad de Stanford, incluso en octubre de 1967 estaba preparado el primer caso. El destino lo había decidido: no sería Shumway quien hiciera el primer trasplante, sino Christian Barnard el 3 de diciembre de 1967. A unos amigos que felicitaban a Shumway como segundo cirujano que había realizado con éxito un trasplante cardiaco, Shumway respondió: «¿Quién de nosotros recuerda el nombre del segundo piloto que atravesó el Atlántico?».

Después de la explosión de esta técnica aparecieron las verdaderas dificultades. Los equipos abandonaron este tratamiento, con excepción de algunos y en particular del pionero Norman E. Shumway. La historia del trasplante en la década de los setenta está ligada a la Universidad de Stanford. Casi todas las aportaciones han sido suyas, gracias a un trabajo constante y serio que hizo recobrar el entusiasmo en la década de los ochenta. Shumway y Reitz realizaron el primer trasplante del bloque corazón-pulmón con éxito en 1981, abriendo la puerta al trasplante cardiopulmonar.

Norman E. Shumway ha sido un maestro. Ha guiado a varias generaciones de cirujanos a los que ha enseñado a trabajar y a pensar, a afrontar los problemas con rigor y decisión, y que ha contribuido a que sus discípulos adquiriesen un criterio recto ante la vida. Con su fino humor era brillante, ingenioso y un experto psicólogo. Formó a sus residentes, contrariamente a las convenciones y costumbres de la época, dándoles las mayores cotas de responsabilidad en el quirófano, y los resultados demuestran que tenía razón.

Su humildad es un ejemplo para todos. Cedió el protagonismo a sus discípulos y, así, no fue el primer autor de sus artículos más relevantes. Huyó del triunfo social y prefirió defender sus trabajos en las reuniones y publicaciones científicas. Si la relación con su antiguo compañero Barnard se deterioró, no se debe tanto a la resonancia en los medios de comunicación como a haberse preparado, sacando provecho de todas las informaciones, sin explicar nada de su proyecto.

La dignidad y la excelencia que imprimió a la cirugía han tenido el reconocimiento en vida a su trayectoria en la comunidad científica, sus discípulos, pacientes, la Universidad de Stanford y las numerosas distinciones, como las de la International Society for Heart and Lung Transplantation, American Association for Thoracic Surgery, American Surgical Association, American Medical Association y Fundación Conchita Rábago.

Si nos juzgan, lo harán por lo que hemos hecho y no por lo que pensábamos hacer. Norman E. Shumway se ha ido con las alforjas bien repletas. Aquí ha dejado sus enseñanzas, investigaciones, muchos amigos y, lo que es más importante, su ejemplo.

Jesús Herreros

Clínica Universitaria de Navarra. Pamplona. Navarra. España.

0300-8932/© 2006 Sociedad Española de Cardiología. Publicado por Elsevier España, S.L.U. Todos los derechos reservados.

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