Revista Española de Cardiología Revista Española de Cardiología
Rev Esp Cardiol. 2013;66:322-3 - Vol. 66 Núm.04 DOI: 10.1016/j.recesp.2013.01.003

Miguel Torner Soler

Jordi Soler-Soler a, Antoni Bayés de Luna b

a Matadepera, Barcelona, España
b Institut Català de Ciències Cardiovasculars, Barcelona, España

Artículo

El pasado mes de septiembre, con cerca de 90 años, falleció nuestro querido maestro y amigo el Dr. Miguel Torner Soler. La actividad docente y académica del Dr. Torner hacía ya tiempo que se había ido apagando, pero seguía guiando la manera de enfocar nuestro quehacer cardiológico diario. Por ello nos sentimos huérfanos.

Nació y estudió en la Facultad de Medicina, en Barcelona. Muy pronto se sintió inclinado por la incipiente especialidad de la cardiología, nacida en relación con el creciente uso del electrocardiograma y de la sofisticación de la auscultación. Sus excepcionales dotes de observación clínica y sus habilidades semiológicas le permitieron interesarse por un campo huérfano de conocimientos, cual era el estudio de las cardiopatías congénitas. Su formación médica fue fundamentalmente autodidacta, aunque en el terreno de las cardiopatías congénitas recibió una fuerte influencia de la prestigiosa Escuela de Lyon (Dres. J. Bret y P. Santy) durante unos meses de estancia en los hospitales de esa ciudad. En España, la influencia de la cardiología francesa era muy grande en aquella época, y el Dr. Torner siempre siguió fiel a ella; así, en 1967 tradujo al castellano el extenso tratado Précis de Clinique Cardiovasculaire del profesor lionés R. Froment. La influencia francesa en su formación no impidió que valorara crecientemente las grandes aportaciones de la escuela inglesa, liderada por el Dr. P. Wood, como demuestra que impulsara su traducción en 1961 al español de la obra de este Disease of the Heart and Circulation. Ambas obras tuvieron un impacto muy positivo, y durante décadas, en la formación de los futuros cardiólogos de habla castellana.

El Dr. Torner y el Dr. Balaguer, médicos voluntarios del Dispensario de Cardiología de la Cátedra de Patología Médica del Prof. J. Gibert-Queraltó, de la Facultad de Medicina de Barcelona, supieron espolear el interés de este por la cardiología y consiguieron que en el año 1952 se creara, oficialmente, la Escuela de Cardioangiología de la Universidad de Barcelona. Al ímpetu de los Dres. Torner y Balaguer se unió la aportación del Instituto de Cardiología de México, de la mano del Dr. A. Casellas, que había sido becario en él. La Escuela de Cardiología era, pues, un grupo con un saber cardiológico ecléctico, ya que supo sumar los mejores conocimientos de las distintas escuelas y ofrecerlos a sus alumnos, mediante cursos de 2 años de duración, a los que acudieron médicos de toda España. Entre ellos nos contamos, con gratitud y orgullo, los que firmamos esta nota.

La «Escuela» no se limitó a su actividad docente, sino que contribuyó de forma muy importante a la investigación cardiológica no sólo nacional, sino internacional. Ello viene avalado por los cuatro artículos originales que se publicaron entre los años 1955 y 1958 en el American Heart Journal, que en aquella época era la revista cardiológica de máximo prestigio internacional. Estos artículos incluían correlaciones clínicas-electrocardiográficas-hemodinámicas, pues el Dr. Torner y sus colaboradores practicaban, a pesar de unos medios técnicos muy rudimentarios (un aparato de radioscopia, un manómetro y un oxímetro) y una muy considerable irradiación personal, cateterismos de las cavidades derechas que les permitieron hacer estos magníficos estudios, válidos aún hoy. Pero su entusiasmo por la hemodinámica cardiaca no se limitó a la exploración de las cavidades derechas, sino que también cateterizaron el ventrículo izquierdo, con lo que lograron la primicia mundial de obtener el primer registro intracavitario del ventrículo izquierdo, tal como consta en las Actas del Primer Congreso Mundial de Cardiología de 1950, celebrado en París, y en el artículo de revisión de Zimmerman (Circulation. 1950;1:357).

La pobre infraestructura de la Escuela de Cardiología del Hospital Clínico no era susceptible de mejora, máximo cuando su creciente prestigio, y los nuevos conocimientos, hacían imperiosa una mejor dotación tecnológica y espacial. De todo ello fueron conscientes el Dr. Torner y sus colaboradores, que en 1960 trasladaron su actividad al nuevo Centro de la Lucha contra las Cardiopatías de Sanidad Nacional, ubicado en el puerto de Barcelona. Aunque este centro disponía de mejores medios (hospitalización, sin unidad coronaria), no era apto para el tratamiento de una enfermedad emergente (la cardiopatía isquémica) y la cirugía cardiaca, que estaba en su máximo desarrollo. El entusiasmo del Dr. Torner y sus colaboradores no se rindió ante estas insuperables limitaciones, y en 1970 el grupo se trasladó, en bloque, al Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, donde por fin vivieron la consolidación de sus esfuerzos e ilusiones asistenciales y científicas.

El prestigio nacional de la Escuela de Cardiología y el personal del Dr. Torner se fueron agrandando, y este fue nombrado Presidente de la Sociedad Española de Cardiología en 1971 y, posteriormente, miembro numerario de la Reial Acadèmia de Medicina de Barcelona.

El duro peregrinaje profesional del Dr. Torner acabó en el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, al que se mantuvo fiel hasta los últimos años de su vida. Siguió asistiendo regularmente al Dispensario de Cardiopatías Congénitas y a las sesiones clínicas como médico voluntario, acorde con lo que había sido toda su vida. Es de destacar que, oficialmente, nunca perteneció a plantilla hospitalaria alguna ni fue profesor universitario. Su magisterio fue el mejor de todos y al que pocos son llamados: su prístino saber, su fuerza moral y su inquebrantable voluntad de ser generoso con los que querían aprender.

Queremos aprovechar estas líneas para transmitir a sus hijos (desgraciadamente, su querida esposa Sunchi ya no está presente), especialmente a Pelayo, que sigue con gran dedicación y entusiasmo los pasos de su padre, nuestro más sentido pésame. Queremos manifestarles que nosotros dos somos y seremos sus deudores para siempre. Por eso hemos aceptado con gusto escribir esta necrológica, que estamos seguros refleja también el sentir de todos los discípulos que tiene en toda España. Las largas discusiones científicas que tuvimos con él a lo largo de varios años, en el diminuto dispensario del Hospital Clínico, y después de Sanidad del puerto, han marcado para bien nuestra vida profesional y también personal. Gracias, querido maestro.

0300-8932/© 2013 Sociedad Española de Cardiología. Publicado por Elsevier España, S.L.U. Todos los derechos reservados.

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