Revista Española de Cardiología Revista Española de Cardiología
Rev Esp Cardiol. 2016;69:531 - Vol. 69 Núm.05 DOI: 10.1016/j.recesp.2016.03.002

El Dr. José María Segovia de Arana y la transición de la medicina española

Manuel de Artaza a

a Madrid, España

Artículo

Se han dedicado miles y miles de páginas a la transición en la política española, pero muy pocas a otro gran cambio, anterior en el tiempo, que sin duda transformó la medicina española y, tomando la tan acreditada palabra, se puede considerar la transición en la medicina española.

Eran los años sesenta del siglo pasado, concretamente el año 1964, cuando se fundó la Clínica Puerta de Hierro y se dejó total libertad para su organización y destino al Dr. José María Segovia de Arana. Por primera vez en España, comenzaba la dedicación de los médicos al trabajo a tiempo completo. Por primera vez se creaban equipos médico-quirúrgicos. Por primera vez se creaba una escuela para la formación de técnicos dedicados a los procedimientos auxiliares de la medicina (radiología, radioterapia, laboratorio, etc.). Se inició una enseñanza con ámbito nacional y con programas de cuatro años para posgraduados, a los que un grupo de médicos del hospital selecciona por su currículo y mediante entrevistas personales, y así se creó el germen del sistema de médicos internos y residentes que, casi como misioneros, fuimos enseñando por toda España y, cuando el Dr. Segovia de Arana llegó a Secretario de Estado, se transformó en el programa nacional de médicos internos y residentes (MIR) —con examen de ámbito nacional y conducido con total seriedad, imparcialidad y justicia por un director general médico de la Clínica Puerta de Hierro— que, desde entonces, permanece integrado e inamovible en la enseñanza de Medicina en España. Además de estos trascendentales cambios, también en la Clínica Puerta de Hierro se estableció una Unidad de Investigación Clínica y Básica que, con el acceso del Dr. Segovia de Arana a Secretario de Estado, él mismo instituyó en lo que sería después el Fondo de Investigación Sanitaria (FIS), el cual ha supuesto un enorme impulso a la investigación médica en España.

En España, tan deteriorado estaba el término hospitales que se huía de la palabra y se les llamaba residencias de la seguridad social. Existían muy pocos centros con cierto grado de calidad científica y con cierta capacidad para formación de posgraduados; en Madrid estaba el Instituto Jiménez Díaz, en Barcelona fundamentalmente el Hospital Clínic y en Cantabria, Valdecilla. En todo caso, la enseñanza habitualmente se impartía en torno a una persona a la que se consideraba omnisciente e indiscutible, y se la trataba con respeto casi reverencial, porque los saberes médicos eran de su propiedad y solamente se impartían a un grupo de fieles. Con Puerta de Hierro, y después el hospital La Paz, los conocimientos médicos pasaron a ser una entrega generosa para quienes querían formarse, siempre que demostraran el interés, la capacidad y la entrega para aprender, y aceptando un largo y duro aprendizaje que se prolongaba años.

En el hospital Puerta de Hierro coincidimos médicos formados en diversos países que nos encontramos un hospital único en España: un lugar de trabajo con plena dedicación, con todo tipo de sesiones de bibliografía, sesiones clínicas y una biblioteca con las publicaciones más modernas. Como consecuencia de ese modo de entender la profesión médica, se fundó la Facultad de Medicina de la que llegaría a ser la Universidad Autónoma de Madrid, con la valentía —entonces lo era— de imponer plazas limitadas según calificaciones (numerus clausus) y donde la enseñanza, a partir de tercer curso, se impartía dentro de los hospitales, con un sistema de enseñanza integrada y que salía de aquellas aulas con cientos de alumnos y largas lecciones teóricas, casi de ambiente medieval.

A lo largo de este escrito he tratado a D. José María Segovia de Arana como doctor, aunque desde muy joven era catedrático, pero con ello he querido resaltar que supo entender que ya no había lugar para el viejo profesor porque la caudalosa evolución de la medicina moderna exigía un aprendizaje muy especializado y la creación de equipos como única solución.

Ahora que en España existe una incomprensible contradicción entre los ciudadanos que creen que tenemos la mejor medicina asistencial y científica y los políticos, que se empeñan en negarlo para su apoyo demagógico, es la hora de recordar dónde floreció esa medicina que nos asiste y quién ha sido el hombre al que debemos, en gran parte, ese beneficio para nuestra salud y la creación de una escuela de especialistas con cientos de médicos, que se han multiplicado.

En la formación en cardiología, posiblemente ha sido el primer servicio con hemodinámica y cardiología clínica, muy apegados a cirugía cardiovascular. Desde su fundación y tras una breve etapa del Dr. Losada Trulok, pasó a dirigir el Servicio de Cardiología quien estas líneas escribe. El número de cardiólogos formados era ya en las primeras etapas más de 100, con nombres bien reconocidos en la cardiología de nuestro país: los Dres. Vallés, Castro, Berrazueta, de Teresa y un sinfín. Todavía sigue la línea ininterrumpida de formación a cargo de cardiólogos que me han seguido y tan queridos como los Dres. Ortigosa, Silva, Fernández Lozano, etc.

Descanse en paz el Dr. Segovia de Arana, quien permanecerá en la historia de la medicina española.

0300-8932/© 2016 Sociedad Española de Cardiología. Publicado por Elsevier España, S.L.U. Todos los derechos reservados.

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