Revista Española de Cardiología Revista Española de Cardiología
Rev Esp Cardiol. 2011;64:832 - Vol. 64 Núm.09 DOI: 10.1016/j.recesp.2011.07.001

David Pascual Hernández

José A. García-Robles a

a Sección de Imagen Cardiaca, Servicio de Cardiología, Hospital General Universitario Gregorio Marañón, Madrid, España

Artículo

David Pascual Hernández nació en Terrassa el 31 de enero de 1972, ya que su padre, funcionario del Estado, estaba destinado en dicha ciudad por aquel entonces. Pronto se trasladó a Cáceres, de donde es su familia, y en esa ciudad maduró como persona, y demostró un notable talento para la práctica deportiva y los estudios. El baloncesto era una de sus pasiones —él mismo era un buen jugador—, y Juan Antonio San Epifanio «Epi» fue su ídolo deportivo en su infancia y juventud, motivo por el que era seguidor del F.C. Barcelona, sentimiento que han heredado sus hijos.

Era médico de vocación: desde los seis años decía y sabía que iba a ser médico. Los estudios de Medicina los llevó a cabo de forma brillante en la Universidad de Navarra y en la Clínica Universitaria de Navarra de 1990 a 1996, donde participó activamente en las actividades culturales y estudiantiles (fue miembro del consejo de curso). La facultad no solamente le proporcionó una sólida formación médica, sino también el que sería probablemente su mayor y mejor apoyo, como posteriormente la vida se ha encargado de demostrar: su esposa Eugenia.

Corroboró su brillantez académica obteniendo el número tres del MIR de su año. Sin dudarlo, se decidió por la cardiología como especialidad en la que desarrollar su idea de la medicina. Para ello escogió el Servicio de Cardiología del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, donde fue residente en el periodo de 1998 a 2003. Su trayectoria no defraudó a nadie y, como cabía esperar, realizó la residencia con brillantez. Pocas veces un médico residente dejó una huella tan importante tanto entre sus compañeros residentes como en el conjunto de la plantilla, entre los que, por supuesto, estoy incluido. Llegados a este punto, es obligado resaltar que durante toda su residencia demostró una gran inclinación por la clínica, que consideraba la clave de la asistencia y a la que dedicó la parte más importante de sus esfuerzos personales y profesionales desde el primer día. Debido a la conjunción de todas estas características, le fue ofrecida la incorporación al Servicio de Cardiología del Hospital Gregorio Marañón, propuesta que aceptó y a la que se entregó con toda la ilusión.

Desde el primer momento se decantó por el estudio y el tratamiento de la insuficiencia cardiaca como interés prioritario, y posteriormente también por el trasplante cardiaco. Por este motivo se unió al grupo que por aquel entonces trabajaba en esta área. Debo decir que su incorporación supuso un estímulo muy importante para todos nosotros, y su forma de trabajar, con una cabeza y unas ideas muy ordenadas, tuvo como consecuencia imprimir un impulso decisivo para la consolidación de dicho grupo dentro del servicio de cardiología en aquellos años.

Por mi parte, quiero reseñar que fueron años felices de trabajo al lado de David y los demás compañeros. No obstante, también fueron tiempos de trabajo duro, ya que poner en marcha un programa de tales características (base de datos, organización de consulta, de atención en planta, etc.) implica una dedicación de gran intensidad.

Sus intereses profesionales, como era de esperar en una persona joven y con ambiciones profesionales, no estaban limitados exclusivamente a la asistencia. También dedicó gran parte de sus esfuerzos a la investigación y la divulgación en insuficiencia cardiaca. Como fruto de todo este trabajo, vieron la luz múltiples comunicaciones en diferentes congresos de cardiología, y fue firmante de diversos trabajos en varias revistas de cardiología, así como revisiones sobre insuficiencia cardiaca en revistas no cardiológicas como parte de sus esfuerzos de divulgación. Incluso llegó a poner en marcha protocolos de investigación que quedaron truncados por su enfermedad. Sobre todo ello destaca su labor como editor en el «Manual de insuficiencia cardíaca. Diagnóstico y tratamiento de una patología en expansión». La gestación del manual y que finalmente este viera la luz se debieron en gran parte a su empeño, su impagable labor de organización y sus inquietudes intelectuales.

Sus inquietudes personales e intelectuales no se agotaron con la actividad hospitalaria. Su inclinación por la difusión del conocimiento médico le llevó a ejercer una actividad editorial que permitió la publicación de varios manuales médicos, además del ya nombrado de insuficiencia cardiaca: el «Manual de electrocardiografía. Bases para la interpretación de trazados electrocardiográficos», del que fue coautor, y el «Manual de ecocardiografía. Indicaciones e interpretación en la práctica clínica», en el que puso su buen hacer como editor.

Desde 1997 trabajó también en el grupo CTO, del que fue subdirector los últimos seis años. Dirigió y coordinó la octava edición del «Manual CTO de Medicina y Cirugía». Además, siguió trabajando activamente y con ilusión desde casa hasta apenas una semana antes de su fallecimiento, lo que le permitió mantener el contacto con la medicina, su mayor pasión, hasta el final de sus días.

Desgraciadamente, toda la proyección humana, intelectual y profesional que prometía David se truncó bruscamente en octubre de 2005, con el diagnóstico de la enfermedad que, a la postre, terminó con su vida. No obstante, alguien como él no se vino abajo. Luchó hasta el final sin darse por vencido y fue capaz de soportar las terapias más duras. Incluso, cuando en un primer momento consiguió una remisión completa de su enfermedad, se reincorporó al trabajo con normalidad y se entregó de lleno a recuperar el tiempo perdido: atención clínica, consultas, elaboración de protocolos asistenciales, etc. Así hasta la recaída que supuso su alejamiento definitivo de las labores hospitalarias para entregarse, con el apoyo incondicional de su familia, y en especial de su esposa Eugenia y de sus dos hijos, Miguel y Sofía, a una continua lucha por recuperarse y por vivir, hasta que, desgraciadamente, falleció el día 9 de mayo de 2011. Debe decirse que supo morir con la misma dignidad con que vivió. Y así es como lo recordaremos todos los que de verdad le apreciábamos.

Descanse en paz.

0300-8932/© 2011 Sociedad Española de Cardiología. Publicado por Elsevier España, S.L.U. Todos los derechos reservados.

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