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Revista Española de Cardiología Revista Española de Cardiología
Rev Esp Cardiol. 2018;71:233 - Vol. 71 Núm.04 DOI: 10.1016/j.recesp.2017.08.003

Blood pressure

Fernando A. Navarro a

a Consejo Editorial, Revista Española de Cardiología

Artículo

Así, a primera vista, esta expresión inglesa parece fácil de traducir, pero no: todo lo contrario. Ello obedece, principalmente, al hecho de que en inglés la usan en los textos médicos con dos significados, que en español distinguimos claramente:

En fisiología cardiovascular, se aplica a cualquier presión sanguínea; esto es, a cualquier presión ejercida por la sangre sobre las paredes de un vaso sanguíneo o de una cavidad cardíaca. Encontramos el término usado en este sentido, por ejemplo, en una frase como «blood pressure in the left ventricle is higher than in the right ventricle» (la presión sanguínea es mayor en el ventrículo izquierdo que en el derecho). O en expresiones como arterial blood pressure (presión [sanguínea] arterial), endocardial blood pressure (presión [sanguínea] intracardíaca) y venous blood pressure (presión [sanguínea] venosa).

En la mayor parte de los textos médicos —y de modo muy especial todos los de carácter clínico—, sin embargo, la expresión inglesa blood pressure (BP) no se emplea en ese sentido general de ‘presión sanguínea’, sino como forma abreviada de arterial blood pressure; es decir, en el sentido más restringido de presión arterial (PA) o, como solemos llamarla más bien entre nosotros, tensión arterial (TA). Puede verse claramente este uso en frases como «the following cardiovascular parameters were measured: heart rate, systolic blood pressure and diastolic blood pressure» (se registraron las siguientes variables cardiovasculares: frecuencia cardíaca, tensión arterial sistólica y tensión arterial diastólica) y «ACE inhibitors are drugs equally effective for high blood pressure and heart failure» (los IECA son fármacos tan eficaces en la hipertensión arterial como en la insuficiencia cardíaca).

Que este segundo sentido es con mucho el más frecuente en los textos médicos puede comprobarse fácilmente con solo echar un vistazo a tantas y tantas expresiones inglesas que incorporan blood pressure o BP en referencia a la tensión arterial: ambulatory blood pressure monitoring, por ejemplo, es el registro ambulatorio de la tensión arterial; blood pressure count, las cifras tensionales o valores de tensión arterial; precipitous drop in blood pressure, un descenso brusco de la tensión arterial; y recumbent BP (o supine BP), sitting BP y standing BP (o erect BP), los nombres que dan en inglés a la tensión arterial en decúbito, en sedestación y en bipedestación, respectivamente. De forma análoga, al esfigmomanómetro lo llaman blood pressure apparatus o BP meter en inglés; a los hipotensores (orales), blood pressure tablets o BP tablets; y en las historias clínicas u hojas de constantes vitales, BP & T es la forma inglesa abreviada para anotar la tensión arterial y la temperatura.

Por lo mismo, las siglas inglesas BP suelen corresponder en español a TA. También en expresiones compuestas, claro está: DBP y SBP (de diastolic blood pressure y systolic blood pressure, respectivamente) pasan en español a TAD y TAS (de ‘tensión arterial diastólica’ y ‘tensión arterial sistólica’), y la sigla inglesa HBP (de high blood pressure) corresponde entre nosotros a HTA (de ‘hipertensión arterial’).

En relación con este último ejemplo, obsérvese cómo el calco directo del inglés high blood pressure daría en español *presión sanguínea alta*, que resulta entre nosotros chocante e inusitado como designación para la hipertensión arterial; calco por lo común solo hallable en traducciones apresuradas o descuidadas del inglés. Exactamente lo mismo cabe decir de su antónimo LBP o low blood pressure: cada vez más leo acá o allá *presión sanguínea baja* en textos médicos donde uno hubiera esperado encontrar, de todas todas, ‘hipotensión arterial’ en nuestro lenguaje especializado.

LBP, sí, corresponde en español a ‘hipotensión arterial’ siempre y cuando cuadre en un contexto dado. Porque si el contexto es otro, ya sabemos que muchas expresiones, en todos los idiomas, pueden tener más de un significado. Igual ocurre con las siglas. Si encontramos LBP fuera de un contexto cardiocirculatorio —por ejemplo, en la descripción del cuadro clínico de un paciente que acude a Urgencias retorciéndose de dolor—, es evidente que ahí no significará low blood pressure, sino más probablemente low back pain; esto es, el dolor en la zona lumbar que entre médicos solemos llamar ‘lumbalgia’ (no *dolor en la parte baja de la espalda*; ¿recuerdan lo que hemos comentado en otras ocasiones sobre la distinta propensión al uso de términos grecolatinos entre médicos de habla hispana y de habla inglesa?), y nuestros pacientes, ‘lumbago’.

Obra de referencia recomendada: Diccionario de dudas y dificultades de traducción del inglés médico (3.a edición), en la plataforma Cosnautas de consulta en línea: <www.cosnautas.com/es/catalogo/librorojo>.

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