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Revista Española de Cardiología Revista Española de Cardiología
Rev Esp Cardiol. 2017;70:69 - Vol. 70 Núm.02 DOI: 10.1016/j.recesp.2016.10.009

Amplatzer

Fernando A. Navarro a

a Consejo Editorial, Revista Española de Cardiología

Artículo

Uno de los cambios más destacados que experimentó el lenguaje médico durante la segunda mitad del siglo pasado fue el auge imparable del inglés hasta convertirse en el único idioma internacional de la medicina. Y entre las consecuencias más llamativas y evidentes del anglodominio actual está el hecho de que nuestro lenguaje especializado se nutre en proporción creciente de anglicismos y neologismos tomados directamente del inglés: borderline, bypass, clamping, distrés, doping, espray, kit, mapping, odds ratio, piercing, pool, randomizar, rash, relax, screening, shock, stent, test, Western blot...

Ello no debería hacernos olvidar que desde tiempos inmemoriales el lenguaje médico internacional se ha enriquecido con tecnicismos tomados de lenguas de lo más variopinto: ‘alcohol’ procede del árabe, ‘petequia’ del italiano, ‘agar’ del malayo, ‘fugutoxina’ del japonés, ‘mezcalina’ del nahua, ‘meñique’ del portugués, ‘curare’ de un dialecto caribe, ‘kala-azar’ (o calazar) del hindi, ‘cocaína’ del quechua, ‘kernícterus’ del alemán, ‘beriberi’ del cingalés, ‘dengue’ y ‘chicunguña’ (o chikunguña) del suajili, ‘bezoar’ del persa, ‘trócar’ del francés, ‘onanismo’ del hebreo, ‘ipecacuana’ del tupí, y ‘curu’ (o kuru) nada menos que de nuestras antípodas, pues lo tomamos de la lengua de los fores, en Papú a Nueva Guinea. Todavía hoy, el lenguaje médico actual —al igual que en épocas pretéritas— sigue incorporando tecnicismos acuñados inicialmente en otras lenguas. Es el caso, por ejemplo, de amplatzer, procedente del alemán.

En 1995, el radiólogo austríaco Kurt Amplatz, afincado en los Estados Unidos, patentó el primer oclusor que permitía corregir la comunicación interauricular mediante cateterismo percutáneo, sin necesidad de cirugía cardíaca abierta. Creó , además, su propia empresa para comercializar dicho oclusor con el nombre de Amplatzer septal occluder (donde Amplatzer® es una marca registrada, pero obviamente tomada del alemán Amplatzer, que significa «de Amplatz»).

Con posterioridad, el propio Amplatz ha seguido inventando y comercializando otros oclusores parecidos para distintos defectos cardiovasculares, como el Amplatzer duct occluder, el Amplatzer muscular VSD occluder y diversos Amplatzer vascular plugs. En inglés, que es una lengua de una plasticidad pasmosa y capaz de importar casi cualquier extranjerismo sin apenas modificaciones de relevancia, la marca Amplatzer se ha lexicalizado sin problemas a amplatzer (plural: amplatzers). En español oigo ya también *amplatzer* (con plural dudoso) en el registro oral, pero en los textos escritos considero preferible optar por oclusor de Amplatz (¡nunca *oclusor de Amplatzer*!) o dispositivo de Amplatz.

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